Atrás quedan los tiempos donde los inversionistas se limitaban a mover el patrimonio única y exclusivamente en bolsa, directamente o a través de SICAV. Ahora también quieren aprovecharse de las ventajas fiscales, disponer de un completo asesoramiento jurídico, preparar la jubilación e incluso contar con la atención necesaria para cosas tan cotidianas como llevar los niños al colegio.

Todo ello sin descuidar la atención de la empresa y cuanto acarrea, es decir, tener en cuenta los problemas de sucesión, protocolo familiar, inversiones, desinversiones... Básicamente se trata de atender el patrimonio financiero y no financiero (fundamentalmente inmuebles y empresas), tanto de tipo individual como familiar.

Aquí la complejidad es mayor, ya que suele tratarse de miembros de la familia con intereses sobre bienes patrimoniales comunes. La solución a este nuevo enfoque en la gestión patrimonial de ‘todo en uno’ tiene un nombre que para muchos es desconocido: los Family Office. Una figura multidisciplinar importada de los EE UU y Suiza que hasta hace bien poco era coto privado de EE.UU y Suiza.